Tribunas



    ¿Qué se pide al directivo de Seguros?

    Juan Antonio Mtnez. GijónPor Juan Antonio Martínez-Gijón, socio director de AMG Human Consulting

    ¿Cuáles son las capacidades y cualidades que más valora el sector en la búsqueda de sus directivos y profesionales? La verdad es que tiene sus peculiaridades. Lógico si tenemos en cuenta que hablamos de un negocio con un componente elevado de incertidumbre, que hemos podido conocer con la crisis del Covid. Esta incertidumbre es directamente proporcional al resultado de la compañía y redunda en un modo particular de gestión.

    Dentro de las cualidades más significativas yo destacaría la resiliencia, entendida como la capacidad para adaptarse "positiva y velozmente" a situaciones adversas. De forma positiva porque es muy necesario un líder con espíritu constructivo, motivador, ejemplar y que sepa aunar a todo el equipo en busca del éxito conjunto. Buscando semejanzas con otros sectores, el deportivo, al que también me dedico, nos instruye a diario. Es difícil imaginar, por ejemplo, un equipo de baloncesto en el que todos los jugadores busquen su éxito particular haciendo jugadas individuales para encestar, porque al final perderán el partido.

    La resiliencia debe ir unida a una toma de decisiones certeras y rápidas. Certeras gracias a una formación técnica profunda, a mi juicio obligatoria para los directivos del sector; y rápidas porque tomar decisiones a destiempo pueden provocar que ya no sean apropiadas, restando un valioso tiempo de reacción.

    Habilidades sociales

    En estructuras cada vez más planas y menos jerárquicas, el directivo debe ser además flexible, empático e ir cargado de habilidades sociales, adaptándose a cada profesional de la mejor manera posible para sacar lo máximo de cada uno. Debe saber delegar y recompensar con justicia. Las empresas donde los empleados son más felices son aquellas que ensalzan a los profesionales que han sabido forjar y que hacen crecer a las personas de sus equipos, más allá de la búsqueda individual de la medalla.

    "El buen directivo es el que consigue un equipo cohesionado, con excelente clima laboral y amante de su organización"

    Comunicar de manera transparente y eficaz son otras dos necesarias cualidades. Hoy los equipos deben estar informados de forma cristalina del devenir de sus compañías, para seguir fidelizados y amar, sin cursiladas, a su empresa y el fin perseguido por la misma. El buen directivo es el que consigue un equipo cohesionado, con excelente clima laboral, amante de su organización, no crítico despectivo con las decisiones de la alta dirección. Así se solventan los problemas de rotación tan frecuentes.

    Siendo muy actuales, en el mundo que nos toca vivir, las palabras de Heráclito: "todo fluye, todo cambia, nada permanece", el directivo de una compañía de seguros hoy debe ser, por tanto: ejemplar, empático, veloz y certero en la toma de decisiones, flexible, buen estratega, excelente comunicador, justo, resiliente, con conocimientos técnicos profundos y amar y ser capaz de inculcar el amor a su compañía.

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    Negrita

    TribunaPor Joaquín Ruiz Echauri Socio – Seguros y Reaseguros – Pérez-Llorca

    Destacar las meras exclusiones de cobertura fue el canto de cisne del antiguo Reglamento de Seguros de 2 de febrero de 1912 en su última reforma, en 1979, en la que además se alude por vez primera a las cláusulas limitativas. En la LCS desapareció la obligación de destacar las simples delimitaciones-exclusiones de cobertura, pero de alguna forma el resaltarlas se mantuvo en la psique del Sector, fundamentalmente porque (a) no estaba prohibido el hacerlo y (b) "por si acaso" algo era considerado limitativo.

    Finalmente, en 2015 la LOSSEAR rectificó la redacción del artículo 8.3 LCS, e introdujo una expresión confusa, al señalar que la póliza debía contener una descripción clara y comprensible de "las garantías y coberturas otorgadas en el contrato, así como respecto a cada una de ellas, las exclusiones y limitaciones que les afecten destacadas tipográficamente", lo que parece inclinar la balanza a favor de que se destaquen junto a las cláusulas limitativas las exclusiones puras, y dejando una zona gris respecto a qué haya de entenderse por "limitaciones" (y al menos en un caso, el Tribunal Supremo ha concluido que tanto las limitativas como las delimitadoras deben ser destacadas por igual -STS de 14 mayo 2020-).

    La LCS no exige que destaquemos en negrita, solo que destaquemos, pero lo común es recurrir a esa técnica tipográfica. Hay dos razones fundamentales del predominio de la negrita: la primera, su amplio uso como herramienta de llamada de atención, frente a otras técnicas en el tipo de publicidad que imperaba al tiempo de promulgación de la LCS; el segundo, el que en los años setenta, la negrita era "moderna", dado que si bien en las máquinas de escribir no era posible esa tipografía, sí se podía lograr en los primeros procesadores de texto, emergentes en aquella década en todas las industrias de servicios.

    "Parece razonable afirmar que el sector debería apostar más por destacar las exclusiones en un lenguaje sencillo y que se distinga en el contrato ("¿qué no le cubrimos?"), que por seguir sombreando textos indiscriminadamente"

    Hoy por hoy, la negrita no ha dejado de ser una herramienta válida y seguimos usándola para llamar la atención sobre meras exclusiones, pero parece razonable afirmar que el sector debería apostar más por destacar las exclusiones en un lenguaje sencillo y que se distinga en el contrato ("¿qué no le cubrimos?"), que por seguir sombreando textos indiscriminadamente.

    Como conclusión, quizá tres reflexiones sobre técnicas de redacción pueden ser útiles: primero, la generación de contratos que no dividan su estructura en condiciones generales y particulares es, hoy por hoy, una ventaja competitiva para cualquier asegurador; segundo, agrupar las exclusiones y posibles cláusulas limitativas, aunque sea repitiéndolas, en un apartado final de la póliza, si es posible en la misma hoja de firmas, es curarse en salud en cuanto a oposición al asegurado respecto a delimitaciones y limitaciones de cobertura; y en tercer lugar, a efectos internos del asegurador, la regla debería ser que póliza que no sea devuelta firmada debe equivaler a contrato no perfeccionado, generándose un circuito de recordatorios sobre la falta de firma vía mediador y cliente final hasta que se consiga una acreditación del consentimiento que no deje lugar a dudas.

    Esta tribuna se publicó primero en el BDS